LAS PERSONAS SIN HOGAR Y LA SALUD MENTAL
Hay una realidad que vemos a diario en nuestras calles y que, sin embargo, seguimos normalizando: personas sin hogar con enfermedades mentales que permanecen durante años en la calle, deteriorándose poco a poco ante la mirada de todos.
Los recursos existentes no se ajustan a la realidad de estas personas. Muchas
de estas personas reciben citas, derivaciones y trámites que, en la práctica,
no pueden cumplir. Su estado de salud mental les impide organizarse,
desplazarse o simplemente sostener un compromiso administrativo. Y cuando no
acuden, el sistema sigue adelante… sin ellas. No es solo un déficit de
recursos, sino también un fracaso del diseño del sistema para atender eficazmente
a este colectivo más vulnerable . Es un fracaso de las instituciones y de los servicios de
prevención y atención
Mientras tanto, la situación de estas personas
se cronifica. La calle agrava sus patologías, aumenta su vulnerabilidad y
reduce cada vez más sus posibilidades de recuperación. Y nosotros asistimos a
ese proceso como espectadores, hasta que en demasiados casos el desenlace es la
muerte.
No podemos seguir mirando para otro lado
ante esta grave situación. Es urgente replantear el enfoque: pasar de un modelo
pasivo, basado en citas y requisitos, a uno activo, centrado en el
acompañamiento real. Hace falta intervención en calle continuada, seguimiento
individualizado y, sobre todo, recursos adaptados de vivienda y acompañamiento
profesional.
No es solo una cuestión de asistencia social. Es una cuestión de dignidad, de salud pública y de responsabilidad colectiva. Porque nadie debería quedar fuera del sistema precisamente por su deterioro de la salud física o mental .

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